plan lector

 Proyecto Lector Institucional

                                                                  

Unas palabras a modo de introducción…

Leemos para aprender a mirar en profundidad. La lectura es un camino a contracorriente de los propios preconceptos y prejuicios con respecto a las personas y a la idea de que el otro necesita menos o sabe menos o sufre menos o tiene menos derechos que nosotros. Contra esa corriente va el camino que un libro nos abre, provocando el deseo y la posibilidad de mirar desde otro ángulo, porque tal vez desde otro ángulo las cosas y los otros no son tan así como pensaba o como algunos dicen que son.

La lectura provoca eso. Nuevos caminos, nuevas puertas que se abren para que el caminante se adentre construyendo su camino lector, que le permita, que nos permita, acceder a nuevas formas de vida inclusivas, donde hoy entran los que antes no entraban.

  La lectura provoca eso. Una nueva escuela donde entran todos: los que quieren estudiar, los que pueden, los que no quieren, los que no pueden, los que están solos en la vida, los que tienen una familia detrás, los honestos, los descarriados, los obedientes y los peleados con la ley.

La lectura provoca eso. Una sociedad que da lugar a los que están fuera de lugar.

              Bienvenidos a este espacio de descubrimientos…

                                                                                             Tu Escuela Sarmiento.

 

 

La lectura transmite el pensamiento del escritor. Para asegurarnos de interpretarlo correctamente existen los Signos de Puntuación.

 

 

 A modo de ejemplo…

 

El poder que tienen las comas a la hora de transmitir ideas se encuentra expresado en una genialidad de Julio Cortázar: “La coma, esa puerta giratoria del pensamiento” (Cortázar, 2010)

Una coma puede ser una pausa. O no…

No, espere.

No espere.

Puede hacer desaparecer su dinero.

                                                                       23,40

                                                                       2,34

                                                  Puede crear héroes…

            Eso solo, él lo resuelve.

           Eso, solo él lo resuelve.

                                        Puede ser la solución.

                           Vamos a perder, poco se resolvió.

                            Vamos a perder poco, se resolvió.

                                        Cambia una opinión.

No queremos saber.

No, queremos saber.

                                        La coma puede condenar o salvar.

¡No tenga clemencia!

¡No, tenga clemencia!

                                     

                                      La coma salva vidas y cambia ideas.

                                                          Vamos a comer niños vs Vamos, a comer niños.                  Si no fuera por la falta de la coma en la segunda oración estaríamos acabando con la vida de un niño inocente que no tendría la culpa del error de puntuación de alguna otra persona.

                                                                 Los soldados, cansados, volvieron al campamento Vs Los soldados cansados volvieron al campamento.

                                                               En el segundo ejemplo, solo los soldados que estaban cansados volvieron del combate, ¿y los demás?

 

Para ejemplificar la diferencia que marcan las comas, los signos de puntuación y las dificultades que se generan en la lectura, les compartimos un video cómico de Les Luthiers, donde se evidencia lo antes mencionado:

https://www.youtube.com/watch?v=LIXLuWbzCbw

 

Ahora bien, ¿se han imaginado que sería de un testamento sin signos de puntuación?.

 Sería algo así:

 “Dejo mis bienes a mi sobrino Juan no a mi hermano Luis tampoco jamás se pagará la cuenta al sastre nunca de ningún modo para los jesuitas todo lo dicho es mi deseo”, (Anónimo, Aprender a nuestro aire, 2012).

 

Bueno, para comenzar a primera vista no es fácil darle una interpretación a lo que este personaje tal vez ignorante o malicioso escribió, pero existen muchas ideas que posiblemente hubiesen querido ser transmitidas:

 

1.    Dejo mis bienes a mi sobrino Juan. No a mi hermano Luis. Tampoco, jamás, se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo, cada quien tiene.

 

2.    ¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¡A mi hermano Luis! Tampoco, jamás, se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo. 

 

3.    En el primer párrafo se puede ver como el beneficiado de la herencia tal vez gigantesca es el sobrino Juan y en el segundo es el hermano Luis.

 

4.     Como los asuntos legales si no están concisos no valen, esta herencia se perdió y paso a ser propiedad del estado.

 

LOS SIGNOS DE PUNTUACION SALVAN, no sólo vidas, también herencias!!!!

 Para recordarlos busca y cliquea el siguiente link:

                                                    www.vicentellop.com/ortografia/puntort.htm

 

 

Ahora: ¡¡a leer!!

 

 

La chica de la cámara de fotos

Cuando regresé del trabajo había una carta en el buzón. Reconocí la letra con alegría, sabía que no tendría remitente, para que así no pudiera contestarle.

Me senté en la cama dejando el sobre a mi lado, siempre me hacía ilusión recibir cartas suyas, era emocionante ver los folios doblados cubiertos de letras que me dirían algo, era como caminar por la playa y encontrar en la orilla del mar una botella con un mensaje dentro.

Su caligrafía era dura e incorregible, pésima y complicada, transmitía un inmenso desorden emocional, no respetaba los márgenes y había fragmentos en los que la punta del bolígrafo atravesaba la hoja.

Sin embargo, el contenido de su correspondencia era completamente distinto, como si fuese capaz de reflejar su propia alma en un espejo, como esos lagos que invitan a caminar a la mirada sobre la tersura de su superficie, siendo una parte más del cielo.

“Llevo años escribiendo un libro, todavía no sé cuándo lo terminaré, siquiera si tiene algún final. Es algo muy extraño, la gente suele pensar que al hecho de escribir le rodea un halo de magia o de misterio. No es para nada así. No hay nada de mágico en encontrar un momento de soledad, prepararme un café, sentarme en un abandonado silencio, poner música, siempre Mahler y siempre el adagietto de la quinta sinfonía en Do sostenido menor para saber por dónde empezar, quitarme el reloj de pulsera, dejarlo a un lado del ordenador. Y el vértigo, cada vez más acuciado y ensordecedor, de abrir el Word y no saber lo que voy a encontrar de mí mismo allí dentro. Y la tarde detrás de la ventana, y la noche deshaciendo el azul, y tantas veces el amanecer, los coches que se marchan calle abajo, las conversaciones, el traqueteo de una maleta con ruedas sobre la acera, la algarabía de unos niños camino del colegio.

He escrito en tantas casas, en tantas ciudades diferentes, en tantos países y a tantas edades, ha entrado tanta gente en la habitación mientras lo hacía. Una madre, un hermano, un amigo, una llamada de teléfono, un timbrazo en el portero automático, una mujer. Me desanimo al pensar que no concluiré jamás la historia y que he vuelto a borrar un montón de páginas que ya no me decían nada, quizá porque la persona que las escribió ya no existe, porque he cambiado, porque de una página a otra me han pasado demasiadas cosas.

Me apena cuando tengo que dejar morir a un personaje, por accidente o en una solitaria habitación de hospital, que en el fondo es lo mismo, o que el amor dure siempre tan poco. A veces, cuando me siento culpable, rescato a algunos personajes, les doy una vida más pequeña en otro cuento, les escribo algún poema sin que nadie lo sepa. Creo que Dios hizo algo parecido conmigo.

Y me pregunto el por qué de tanto tiempo a solas, el por qué de tanta ausencia necesaria. Cuando pienso en el resto de personas del mundo, con sus vidas, con su ir y venir de allá para acá, con sus planes de futuro, sus muebles y sus casas a plazos, hablando de trabajo, de política o de fútbol, no entiendo cómo pueden vivir sin la escritura, sin la lectura al menos.

O a lo mejor es que, en el fondo, no me comprendo a mí mismo y los cuestiono para defenderme. No importa, termino regresando aquí. Pero ellos, cuando se enteran, hacen preguntas. ¿Cuántos ejemplares has vendido? ¿Con qué editorial lo publicaste? ¿Cuánto dinero has ganado? Suelo sonreír lastimosamente, dar tres o cuatro explicaciones, cambiar de tema, mientras anhelo regresar al adagietto o al Riders on the Storm.

En realidad te escribo porque hoy he visto a una chica haciendo fotos a la ciudad y me he quedado mirándola, ella se ha llevado la cámara al pecho al cruzarse nuestras miradas. Supongo que lo trasnochado de mi rostro le ha infundido miedo y pensaba que fuera a robársela, yo iba camino de la compra y el frío me empujaba a caminar rápido. Ella no sabía que me recordaba a otra mujer. Ella no sabía que iba a formar parte de esta carta, quizá me haya tirado una foto de espaldas o puede ser que haya dejado de hacer fotos por un rato.

¿No te parece increíble? Hacía cuatro grados bajo cero y ella estaba allí tratando de captar un instante, escribiendo con la luz, tratando de encajar la mirada en un encuadre asomada a un puente. ¿Crees que se merece un personaje en el libro o una vida pequeña? ¿Cómo debería llamarla? O mejor dejarlo así, mejor la chica de la cámara de fotos”.

 

Leyenda Selknam – El hombre sol y la mujer luna

Había una vez un tiempo en que las mujeres eran las jefas de la tribu de los Onas, y lo eran porque conocían los secretos de la brujería y la hechicería. Eran las reinas de las playas, de los lagos, de los bosques, de los peces y de todo lo que viviera en su tierra. En cambio, los varones debían cuidar los niños, buscar alimentos y cumplir con todo lo que ellas ordenaban, de lo contrario, llamarían a terribles espíritus malignos.

 

Kran, hombre Sol, era un poderoso cazador, sin embargo nunca había podido enfrentarse al poder de las mujeres y se preguntaba constantemente: - ¿Cómo es posible que las mujeres sean tan amigas de los espíritus?

 

Decidió que un paseo por el bosque le vendría bien, se acomodó la capa y caminó entre os árboles y los lagos fríos del sur, llegó hasta una montaña nevada y se sentó a descansar. Cuando emprendió el regreso estaba tan oscuro que hasta las ramas de los árboles lo asustaban. Siguió caminando y vió la luz de una fogata cercana, se aproximó y se dio cuenta que había llegado a la choza donde las mujeres se reunían para invocar a los espíritus.

 

Sin querer, llegó tan cerca de la reunión que reconoció algunas frases que decían las mujeres: ¡Qué bien que engañamos a los hombres! Sí… es tan divertido ver sus caras de miedo.

 

Lo que no sabían las mujeres, era que Kran, el hombre Sol, había descubierto su secreto y estaba furioso.

 

Mientras ellas seguían divirtiéndose, Kran salió corriendo y a la orilla de un lago convocó a los varones de su tribu y dijo: - Lo que voy a decirles, es lo que vieron mis ojos, los espíritus malignos no existen, son las mujeres las que se colocan máscaras y pintan sus cuerpos para asustarnos.

 

Al principio no podían creerlo, pero esa misma noche fueron armados con sus arcos a buscar a las mujeres.

 

Kran, el hombre Sol, estaba tan enojado que ardía como el fuego y ordenó matar a todas las mujeres como castigo de las mentiras que les habían dicho.

 

Kra, la mujer Luna, era la más hermosa de la tribu, su piel era tan blanca que parecía brillar en la oscuridad. Escondida detrás de unos árboles, escuchó las palabras de Kran y rápidamente fue a alertar a las demás mujeres de lo que iban a hacer los varones. Con su ayuda, lograron escapar, corrieron y corrieron entre los lagos y los árboles del bosque y comenzaron a escalar las montañas nevadas hasta llegar a tocar las nubes y se refugiaron en un lugar donde jamás las pudieron atrapar: el cielo estrellado.

 

Cuenta la leyenda que cada vez que el Sol se acerca para atraparla, la Luna se esconde detrás de las montañas y desaparece.

 

EL SUPUESTO LOBO FEROZ

El bosque era mi hogar. Yo vivía allí y me gustaba mucho. Siempre trataba de mantenerlo limpio y ordenado. Cuando...

Un día soleado mientras estaba recogiendo la basura dejada por unos excursionistas, sentí pasos. Me escondí detrás de un árbol y ví venir a una niña vestida en forma muy divertida, toda de rojo y con su cabeza cubierta, como si no quisiera que la vieran. Naturalmente, me puse a investigar. Le pregunté quién era, a dónde iba, de dónde venía, etc.

Ella me dijo, cantando y bailando, que iba a casa de su abuelita con una canasta para el almuerzo. Me pareció una persona honesta, pero estaba en MI bosque y ciertamente parecía sospechosa con esa ropa tan extraña. Así que decidí darle una lección y enseñarle lo serio que es meterse en el bosque sin anunciarse antes y vestida en forma tan extraña. Le dejé seguir su camino, pero corrí a la casa de su abuelita. Cuando llegué vi a una simpática viejita y le expliqué el problema y ella estuvo de acuerdo en que su nieta merecía una lección. La viejita estuvo de acuerdo en permanecer oculta hasta que yo la llamara. Y se escondió debajo de la cama.

Cuando llegó la niña, la invité a entrar al dormitorio donde estaba acostado, vestido con la ropa de la abuelita. La niña llegó sonrojada y me dijo algo desagradable acerca de mis grandes orejas. He sido insultado antes, así que traté de ser amable y le dije que mis grandes orejas eran para oírla mejor. Me gustaba la niña y trataba de prestarle atención, pero ella hizo otra observación insultante acerca de mis ojos salidos. Ustedes comprenderán que empecé a sentirme mal; la niña tenía una bonita apariencia pero era muy antipática. Sin embargo, seguí la política de poner la otra mejilla, y le dije que mis ojos me ayudaban a verla mejor. Su siguiente insulto si que me encolerizó. Siempre he tenido problemas con mis dientes tan grandes, pero esa niña hizo un comentario muy desagradable. Sé que debía haberme controlado pero salté de la cama y le gruñí enseñándole mis dientes y le dije que eran grandes para comerla mejor.

Ahora seamos serios; ningún lobo puede comerse a una niña. Todo el mundo lo sabe, pero esa niña loca empezó a correr alrededor de la habitación gritando, y yo también corría detrás de ella tratando de calmarla. Como tenía puesta la ropa de la abuelita, me la saqué, pero fue peor, de repente la puerta se abrió y apareció un leñador con un hacha enorme. Yo lo miré y comprendí que corría peligro, así que salté por la ventana y escapé.

Me gustaría decirles que éste es el final de la historia, pero, desgraciadamente no es así, pues la abuelita jamás contó mi parte de la historia. Y no pasó mucho tiempo sin que se corriera la voz de yo era un lobo malo. Y todo el mundo empezó a evitarme. No se que le pasaría a esa niña antipática y vestida en forma tan rara, pero yo nunca más pude ser feliz...

 

LA OVEJA NEGRA (Italo Calvino)

Erase un país donde todos eran ladrones. Por la noche cada uno de los habitantes salía con una ganzúa y una linterna sorda, para ir a saquear la casa de un vecino. Al regresar, al alba, cargado, encontraba su casa desvalijada.

Y todos vivían en concordia y sin daño, porque uno robaba al otro y éste a otro y así sucesivamente, hasta llegar al último que robaba al primero. En aquel país el comercio sólo se practicaba en forma de embrollo, tanto por parte del que vendía como del que compraba. El gobierno era una asociación creada en perjuicio de los súbditos, y por su lado los súbditos sólo pensaban en defraudar al gobierno. La vida transcurría sin tropiezos, y no había ni ricos ni pobres.

Pero he aquí que, no se sabe cómo, apareció en el país un hombre honrado. Por la noche, en lugar de salir con la bolsa y la linterna, se quedaba en casa fumando y leyendo novelas.

Llegaban los ladrones, veían la luz encendida y no subían.

Esto duró un tiempo; después hubo que darle a entender que si él quería vivir sin hacer nada, no era una buena razón para no dejar hacer a los demás. Cada noche que pasaba en casa era una familia que no comía al día siguiente.

Frente a estas razones el hombre honrado no podía oponerse. También él empezó a salir por la noche para regresar al alba, pero no iba a robar. Era honrado, no había nada que hacer. Iba hasta el puente y se quedaba mirando pasar el agua. Volvía a casa y la encontraba saqueada.

En menos de una semana el hombre honrado se encontró sin un céntimo, sin tener qué comer, con la casa vacía. Pero hasta ahí no había nada que decir, porque era culpa suya; lo malo era que de ese modo suyo de proceder nacía un gran desorden porque él se dejaba robar todo y entre tanto no robar a nadie; de modo que había siempre alguien que al regresar al alba encontraba su casa intacta: la casa que él hundiera debido desvalijar. El hecho es que al cabo de un tiempo los que no eran robados llegaron a ser más ricos que los otros y no quisieron seguir robando. Y por otro lado, los que iban a robar a la casa del hombre honrado la encontraban siempre vacía, de modo que se volvían pobres.

Entre tanto los que se habían vuelto ricos se acostumbraron a ir también al puente por la noche, a ver correr el agua. Esto aumentó la confusión, porque hubo muchos otros que se hicieron ricos y muchos otros que se volvieron pobres.

Pero los ricos vieron que yendo de noche al puente, al cabo de un tiempo se volverían pobres. Y pensaron: "Paguemos a los pobres para que vayan a robar por nuestra cuenta ". Se firmaron contratos, se establecieron los salarios, los porcentajes: naturalmente siempre eran ladrones y trataban de engañarse unos a otros. Pero como suele suceder, los ricos se hacían cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.

Había ricos tan ricos que ya no tenían necesidad de robar o de hacer robar para seguir siendo ricos. Pero si dejaban de robar se volvían pobres porque los pobres les robaban. Entonces pagaron a los más pobres de los pobres para defender de los otros pobres sus propias casas, y así fue como instituyeron la policía y construyeron las cárceles.

De esa manera, pocos años después del advenimiento del hombre honrado, ya no se hablaba de robar o de ser robados sino sólo de ricos o de pobres; y sin embargo todos seguían siendo ladrones.

Honrado sólo había aquel fulano, y no tardó en morirse de hambre.

 

Los nadies (Eduardo Galeano)

 

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de

escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.

Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no hacen arte, sino artesanía.

Que no practican cultura, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.

Que no tienen cara, sino brazos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

 

 

Celebración de la voz humana /2 (Eduardo Galeano)

 

Tenían las manos atadas, o esposadas, y sin embargo los dedos danzaban. Los presos estaban encapuchados: pero inclinándose alcanzaban a ver algo, alguito, por abajo. Aunque hablar, estaba prohibido, ellos conversaban con las manos.

 

Pinio Ungerfeld, me enseñó el alfabeto de los dedos, que en prisión aprendió sin profesor:

-Algunos teníamos mala letra –me dijo– otros eran unos artistas de la caligrafía.

 

La dictadura uruguaya quería que cada uno fuera nada más que uno, que cada uno fuera nadie; en cárceles y cuarteles y en todo el país, la comunicación era delito.

 

Algunos presos pasaron más de diez años enterrados en solitarios calabozos del tamaño de un ataúd, sin escuchar más voces que el estrépito de las rejas o los pasos de las botas por los corredores. Fernández Huidobro y Mauricio Rosencof, condenados a esa soledad, se salvaron porque pudieron hablarse, con golpecitos a través de la pared. Así se contaban sueños y recuerdos, amores y desamores: discutían, se abrazaban, se peleaban; compartían certezas y bellezas y también compartían dudas y culpas y preguntas de esas que no tienen respuestas.

 

Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare. Si le niegan la boca, ella habla por las manos, o por los ojos, o por los poros, o por donde sea. Porque todos, toditos, tenemos algo que decir a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada.

 

 

Alumno: Si le interesa buscar otros cuentos a modo de orientación le señalo otros sitios, como por ejemplo:

AUDIOCUENTOS:

https://www.youtube.com/watch?v=3ZtRUjwHV30

https://www.youtube.com/watch?v=6E-zPwQ1b58

https://www.youtube.com/watch?v=4mdcni2Q9sU

 

 

 

 

 Proyecto Institucional de Escritura

Con este nuevo espacio complementaremos el Proyecto de Lectura, pues viviremos la aventura de convertirnos en escritores al dedicarnos a cambiar el final de cuentos.   

Los finales que se confeccionen por los alumnos, deberán contar con una extensión mínima entre ocho y doce líneas, no más que esto; pues debe ser de menor extensión que el conflicto.

 

Una vez que se elaboren los posibles finales, los mismos serán corregidos por los profesores y a partir de allí, se publicarán en la Cartelera del Colegio. De esta forma, cada uno podrá elegir el final que más le interese.

Asimismo se presentarán dibujos que representen dichos finales, que serán confeccionados por los mismos alumnos junto a la profesora de Educación Artística.

 

Buscando un tesoro

“Morgan recibió informes que lo alertaban sobre la presencia de barcos enemigos en las cercanías de la isla donde había desembarcado días atrás, su instinto le indicaba que él y su fortuna estaban en peligro, por tal razón ordenó a diez de sus hombres cavar un foso en bosque cercano a la playa para esconder allí su riqueza producto de las tomas y saqueos a varios puertos del Caribe, y representada en monedas y joyas de oro. Luego que los hombres cumplieran su misión, los mató a todos y lanzó sus cuerpos al mar, así nadie conocería su paradero.

Morgan huyó de la isla burlando el cerco enemigo y murió años después sin poder regresar a recuperar su fortuna, desde entonces cientos de “cazadores de tesoros” han buscado el tesoro del pirata Morgan sin poder hallarlo”.

Esta historia leída por su madre en su niñez se gravaría en su mente, y durante muchas noches soñaría haciendo excursiones a aquella isla del Caribe en busca del tesoro enterrado cerca a alguna de sus playas, quizás logrando encontrarlo abandonaría su pobreza.

-¿Si yo lograra encontrar ese tesoro? Decía muchas veces.

– ¡Vale la pena intentarlo! -, le decía su madre, ¡de verdad vale la pena!

Entre juegos y sueños de riqueza y aventuras pasaron los años de su infancia. Con el tiempo, terminó sus estudios, y cuando casi había olvidado la historia del tesoro del pirata Morgan le ofrecieron un trabajo en aquella isla donde el pirata escondió su botín.

-¿Si yo lograra encontrar el tesoro?

Recordó sus sueños de infancia y no dudó en aceptar el trabajo, para tal vez así poder cumplir sus anhelos de riqueza.

¡Vale la pena intentarlo, de verdad vale la pena! Recordaba las palabras de su madre.

Emprendió el viaje con una maleta con sus pocas pertenencias, pero llena de ilusiones, lo intentaría todo, sería incansable, no desistiría en su empeño de encontrar aquel tesoro. Al llegar inició las pesquisas, en las noches frecuentaba sitios donde pudiera obtener información. Se reunía con los pescadores nativos y personas mayores que le pudieran aportar algo que lo condujera por el camino de la fortuna de Morgan, elaboraba croquis con los datos obtenidos sobre las cacerías anteriores.

Los días de descanso hacía exploraciones en los lugares en los cuales no habían buscado anteriormente. Con cada observación llenaba libretas con apuntes, y elaboraba nuevos mapas de los sitios visitados, en su afán de encontrar la fortuna enterrada por los hombres de Morgan. Con entusiasmo esperaba el fin de semana.

Fue un día al regresar de su faena de exploración, cuando en una calle de la ciudad ocurrió todo:

-¡Hola buscador de tesoros!- dijo ella a manera de saludo.

-¡Hola!,- contestó él, bastante sorprendido ante la cercanía de aquella mujer de ojos del color del mar y rubia cabellera que hacía días estaba viendo conducir un auto deportivo.

-¿Por qué trabajas tanto, aún en fines de semana? ¿No tienes nada más que hacer?, o ¿no tienes con quien estar?

-Me gusta lo que hago -contestó, aunque sin mucha seguridad, ya que esta mujer lo ponía nervioso.

– Te invito a que pasemos juntos el próximo fin de semana, dijo ella despidiéndose y siguiendo su camino.

Durante la semana estuvo esperando la llegada del sábado, pensando en aquella mujer que tanto le impactara desde que la vio por primera vez, y que ahora lo invitaba a salir.

Ese día salieron a las playas y visitaron algunos sitios de interés, que hasta entonces no conocía. Estuvo muy contento en su compañía. En los días siguientes compartieron sus ratos libres, y empezó a sentir que ahora tenía a alguien en su vida. Con el paso del tiempo su amistad se fortaleció de tal manera que decidieron establecerse como pareja.

Y sintió que por primera vez en su vida era feliz.

Años más tarde recordaría sus días de búsqueda de aquella famosa riqueza escondida en algún lugar de la isla. ¿Habría estado perdiendo el tiempo? ¡Existiría realmente el tesoro? o ¿Sería aquella mujer su fortuna? Deseó tener un hijo para que continuara la búsqueda… pues él no buscaría más.

 

CONSIGNA

Cambiar el desenlace del cuento (que figura resaltado en color rojo) de acuerdo con las siguientes pautas:

-Respetar el género literario al que corresponde.

-Continuar con la misma conjugación verbal.

-Recordar que el desenlace es la resolución del conflicto, continuar con la lógica de esa trama narrativa.

-Respetar espacio en que se desarrolla el conflicto.

-Prestar atención a la aparición del personaje principal.

-Deberá contar con una extensión mínima entre ocho y doce líneas, no más que esto; pues debe ser de menor extensión que el conflicto.

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